Lección # 11- EL EJEMPLO DE JESUS
 

Indice
 

 1. Introducción
 2. La actitud de Jesús hacia los diez Mandamientos
 3. El día del Señor en la Palabra de Dios  
 4. ¿Qué Día guardó Jesus?
 5. Los discípulos del señor siguen su ejemplo
 6. ¿Qué es el Sábado para el Verdadero Cristiano?

 

 

INTRODUCCIÓN

    Dos jóvenes conversaban muy preocupados. Uno de ellos preguntó:

    —¿Cómo puedes hacer esto y considerarte cristiano todavía? —Para serte franco—contestó el otro—, creo que se pueden traer bastantes "cositas" y, sin embargo, seguir siendo cristianos. —Me parece que estás equivocado—le contestó su amigo—. Debemos conducirnos de acuerdo con principios morales claros e invariables. Medimos y pesamos lo que compramos. ¿No es nuestra vida interior mucho más importante que lo que comemos o llevamos puesto?

    Estas palabras sorprendieron al otro joven, que respondió: —¡Nunca lo había considerado de esa manera! Pero, ¿en qué te fundas para hablar así? —Creo que debiéramos seguir el ejemplo de Jesús en todos los actos de nuestra vida,—contestó el amigo—. Cada vez que nos toca traer una decisión debiéramos dirigirnos esta pregunta: "¿Qué haría el Señor en mí lugar?" Si hacemos esto, nunca irémos por sendas equivocadas.

    Este joven tenia razón. Como discípulos de Jesús, debiéramos imitarlo constantemente si queremos estar con él en la eternidad. Pero, ¿cómo se puede saber lo que haría el Señor en tal o cual situación? Muy sencillo: estudiando cómo vivió entre los hombres. He aquí lo que él dijo:

    "Si guardareis mis mandamien-tos, estaréis en
    mi amor; como yo también he guardado los
    mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor"
    (San Juan 15:10).

    Nunca nos extraviaremos si, después de haber descubierto cómo anduvo Jesús, andamos en sus pasos.
 

LA ACTITUD DE JESUS HACIA LOS DIEZ MANDAMIENTOS

    Jesús y su Padre son inseparables. Recordemos que el Señor dijo:

    "Yo y el Padre una cosa somos"
    (San Juan 10:30).

    Dijo claramente que había venido a traer la voluntad de su Padre:

    "Porque yo no he hablado de mí mismo: mas el
    Padre que me envió, él me dio manda-miento de
    lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y
    sé que su mandamiento es vida eterna. Así, lo
    que yo hablo, como el Padre me lo ha dicho,
    así habló" (San Juan 12:49, 50).

    Ya hemos estudiado que Dios el Padre no cambia (Malaquías 3:ó), y que, particularmente Jesucristo, "es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos (Hebreos 13:8). Cuando el Señor estuvo en la tierra declaró que no había venido a cambiar la ley y que ella seria más estable que el cielo y la tierra mismos (San Mateo 5:17-19). Varias décadas después de la resurrección, San Juan llama la atención hacia "el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio" (1 San Juan 2:7). Pero a continuación habla de un "mandamiento nuevo" anunciado por Jesús (San Juan 13:34). Sin embargo, es fácil ver que ambos se refieren a los Diez Mandamientos, los que se resumen en amor a Dios y al prójimo, tal como lo expresó nuestro Señor en el Nuevo Testa-mento (San Mateo 22:37-39) y ya se había expresado en el Antiguo (Deuteronomio 6:5; Levítico 19:18). Por lo tanto, ese "mandamiento nuevo" no era sino la nueva manera como debía encararse la observancia de los Diez Mandamientos al declarar que pueden observarse o bien violarse, sin actos exte-riores y con la sola intención (San Mateo 5:21-28). Todo ello constituye un cumplimiento de la profecía "en magnificar la ley y engrandecerla" (Isaías 42:21). Desde entonces vemos los Diez Mandamientos en la gloriosa luz de la verdad, despejados de toda sombra, trasladados de las tablas de piedra al corazón humano. La vida de Cristo revela cómo desea Dios que los hombres le obedezcan.

    "Si me amáis, guardad mis mandamientos"
    (San Juan 14:15)

    "Si guardareis mis mandamientos, estaréis en
    mi amor; como yo también he guardado los
    mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor "
    (San Juan 15:10)

    Si, Jesús guardó los Diez Mandamientos. Y debemos imitarlo.
 

EL DÍA DEL SEÑOR EN LA PALABRA DE DIOS

    Uno de los Diez Man-damientos, el cuarto, se refiere al día de reposo. En el principio, el Padre, mediante su Hijo, creó el mundo en seis días y reposó el séptimo. En Génesis 2:2, 3 se nos dice que el Señor bendijo especialmente el séptimo día y lo dedicó al reposo. Ese día goza de una triple gloria:

    El Señor reposó en el séptimo día.

    El Señor bendijo el séptimo día

    El Señor santificó el séptimo día.

    El séptimo día es el "día del Señor", según la Santa Escritura, porque nuestro Señor le otorgó esa gloria triple. Sólo la bendición del Creador pudo hacerlo. Fuera de Dios, nadie puede santificar nada. Dios santificó el séptimo día y se lo dio al hombre. Es una porción especial de la semana que tenemos el privilegio de dedicar al reposo espiritual, a nuestra comunión con el Señor. En el cuarto mandamiento Dios nos dice:

    "Mas el séptimo día será
    reposo pare Jehova tu Dios"
    (Exodo 20:10).

    ¿Qué día de la semana es el séptimo? ¿El domingo? Así lo creen muchos cristianos, pero no es esto lo que nos enseña la Palabra de Dios. Leamos:

    "Si retrajeres del sábado tu pie,
    de traer tu voluntad en mi día
    entonces te deleitaras en Jehova"
    (Isaías 58:13,14).

    Vemos entonces que el sép-timo día no es el domingo sino el sábado. Cristo declaró que él era el Señor del sábado.

    "Porque Señor es del sábado el
    Hijo del Hombre" (San Mateo 1 2:8).


    Si Jesús es el Señor del sábado, lógicamente el sábado es el día del Señor. La Escritura no presenta otro día de reposo fuera del sábado. San Juan recibió en sábado, en la isla de Patmos, las visiones del Apocalipsis. Nos dice:

    "Yo fui en el Espíritu en el día del
    Señor" (Apocalipsis 1:10).

    El único "día del Señor" de las Escrituras es el sábado. En ninguna parte de la Biblia se le da al primer día de la semana, o domingo, el nombre de día del Señor. En realidad, la designa-ción de "día del Señor" aplicada al domingo se hizo muchas décadas después de la desapari-ción del último apóstol, sin base bíblica alguna, y como resultado de la apostasía de la Iglesia.
 

¿QUÉ DÍA GUARDÓ JESUS?

    "Y vino a Nazaret, donde había sido criado;
    y entró, conforme a su costumbre, el día del
    sábado en la sinagoga, y se levantó a leer"
    (San Lucas 4:16).

    Nuestro Señor tenía la costumbre de guardar el sábado. Había venido para "cumplir" la ley (San Mateo 5:17). Algo más acerca de la actitud de Jesús hacia el sábado:

    "Y descendió a Capernaum, ciudad de Galilea.
    Y les enseñaba en los sábados. Y se maravillaban
    de su doctrina, porque su palabra era con potestad"
    (San Lucas 4:31, 32).

    Jamás condenó Jesús la obser-vancia del sábado. Al contrario, honró el día de reposo constantemente.

    El sábado debía ser día de reposo paraq el pueblo de Dios, pero los legalistas de Israel habían hecho de él una carga pesada. Nuestro Señor vino también para enseñarnos a guardar su día, y hallar en él reposo pare el cuerpo y el alma.

    Sabiendo Jesús que vendrían días difíciles después de su partida, previno a sus discípulos. Entre otras cosas predijo la destrucción de Jerusalén, la cual ocurrió unos cuarenta años después de su crucifixión. En relación con ello dijo:

    "Orad, pues, que vuestra huida no sea
    en invierno ni en sábado" (San Mateo 24:20).

    Evidentemente, Jesús jamás tuvo la intención de transferir la santidad del sábado al domingo. No podía ser de otra manera, ya que la inmutable ley de Dios dice al respecto:

    "Acordarte has del día del reposo, para santificarlo . . .
    El séptimo día será reposo para Jehová tu Dios"
    (Exodo 20:8, 10).

    La palabra "reposo" de este versículo en hebreo es "shabbath". La forma española de esta palabra hebrea es "sábado", que significa "reposo".

    Es el séptimo día el que Dios destinó al reposo del hombre. Guardar otro día no es observar "el reposo de Dios". Si deseamos gozar del reposo espiritual de Jesucristo, el "Señor del sábado", tendremos que acordarnos del día que él ha señalado para el reposo.

    Cuando mediante su vida y su enseñanza Jesús revistió de nueva luz el mandamiento acerca del dia de reposo, los dirigentes religiosos lo acusaron de querer cambiar los Diez Mandamientos. Pero veamos cuál era en realidad la actitud de Cristo hacia el decálogo.

    "No penséis que he venido para abrogar la
    ley o los profetas: no he venido para abrogar,
    sino a cumplir. Porque de cierto os digo, que
    hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una
    jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que
    todas las cosas sean hechas. De manera
    que cualquiera que infringiere uno de estos
    mandamientos muy pequeños, y así enseñare
    a los hombres, muy pequeño será llamado
    en el reino de los cielos. Mas cualquiera
    que hiciere y enseñare, éste será llamado
    grande en el reino de los cielos"
    (San Mateo 5:17,19).

    Antes de que lo más mínimo de la ley cambiara, los cielos y la tierra desaparecerían. Afirmar que los Diez Mandamientos han sido cambiados o suprimidos es condenarse ante el tribunal de Dios.

    Podemos decir, en conclusión, con todo el apoyo de las Escri-turas, que Jesús guardó el sábado y  que espera que también nosotros lo guardemos.
 

LOS DISCÍPULOS DEL SEÑOR SIGUEN SU EJEMPLO

    Nuestro Señor fue crucificado en viernes, en el "día de prepara-ción". Murió como a las tres de la tarde y José de Arimatea puso su cuerpo en la tumba casi enseguida. Observemos cuán cuidadosamente guardaron el sábado los discípulos de Cristo, mientras el Señor reposaba en la tumba.

    "Y era la tarde del día de la preparación;
    y estaba por comenzar el sábado. Y las
    mujeres que con él habían venido de Galilea,
    siguieron también, y vieron el sepulcro, y
    cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas,
    aparejaron drogas aromáticas y ungüentos;
    y reposaron el sábado, conforme al mandamiento"
    (San Lucas 23:54-56).

    En San Lucas 24:1, leemos que el primer día de la semana varias mujeres vinieron a la tumba con el propósito de embalsamar el cuerpo del Maestro, pero que cuando llegaron Jesús ya había resucitado. Rogamos tomar nota que esas piadosas mujeres no fueron a realizar sus tareas sino hasta el domingo, es decir, en dia sábado se dedicaron al reposo. Después de la resurrección, contrariamente a lo que se cree por lo común, no cabía en la mente de los apóstoles la menor duda en cuanto a su deber de guardar el sábado. El mismo San Pablo, de origen judío aunque ciudadano romano, designado por Dios para comunicar a los gentiles la maravillosa historia de la salvación, nunca dejó de observar el sábado. En Corinto, donde permaneció un año y medio, predicó cada sábado.

    "Y razonaba en la sinagoga todos los sábados,
    y persuadía a judíos y a griegos" (Hechos 18:4).

    En Hechos 13:14 y 11:26, se nos dice que San Pablo guardó el sábado estando en Antioquía. Es evidente que la primera iglesia cristiana de esa ciudad, constituida por gentiles conversos, observaba el sábado. En Hechos 16:12, 13 se nos dice que los creyentes de Filipos se reunían el sábado, y que, como no tenían local, iban a la villa del riot También en Tesalónica el apóstol guardó el sábado.

    "Y Pablo, como acostumbraba, entró a ellos,
    y por tres sábados debatió con ellos de las
    Escrituras, declarando y proponiendo, que
    convenía que el Cristo padeciese, y resucitase
    de los muertos; y que Jesús, el cual yo os
    anuncio, decía él, éste era el Cristo"
    (Hechos 17:2, 3).

    El apóstol de los gentiles, "según su costumbre" seguía guardando el sábado veinte años después de la resurrección de Cristo. Ciertamente San Pablo no apoya la idea de que debe guardarse el domingo en honor de la resurrección.

    La verdadera iglesia de los últimos días se reconocerá porque cumplirá todos los mandamientos de Dios. El apóstol San Juan nos dice:

    "Entonces el dragón fue airado contra la mujer;
    y se fue a traer guerra contra los otros de la simiente
    de ella, los cuales guardan los mandamientos de
    Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo"
    (Apocalipsis 12:17).

    Hasta que vuelva el Señor, el pueblo de Dios guardará todos los mandamientos de su santa ley. Se acordará del sábado para santificarlo. Y cuando los redimidos lleguen a ser ciudadanos de la nueva tierra, el sábado será la señal de su reposo eterno.

    "Y será que de mes en mes y,
    de sábado en sábado, vendrá
    toda carne a adorar delante de
    mi, dijo Jehová" (Isaías 66:23).

    El versículo precedente dice que ello ocurrirá cuando los cielos nuevos y la tierra nueva sean establecidos de manera permanente. Entonces todos seremos observadores fieles del día del reposo del Señor. En vista de que en esta vida nos preparamos para la futura, ¿por qué habríamos de vivir aquí en forma diferente de como viviremos en las moradas eternal?
 

¿QUÉ ES EL SÁBADO PARA EL VERDADERO CRISTIANO?

    Hace muchos años, cierta persona fue injustamente acusada de espía en un país extranjero, y, sin dársele oportunidad de defenderse, se la echó en la cárcel y se la condenó a ser fusilada. Cuando sus amigos lo supieron, fueron a ver al embajador de su país y le supli-caron que interpusiese su influencia para impedir un acto tan injusto. Fue en vano.

    Llegó el día de la ejecución. El prisionero estaba frente al pelotón de fusilamiento, con los ojos vendados y las manos atadas. El oficial encargado de dar la orden de fuego ya estaba listo para hacerlo. Pero en ese momento se abrieron las puertas de la cárcel y entró el embajador. En menos tiempo del que se necesita para relatarlo, corrió hacia el condenado y lo cubrió con la bandera de su país, emblema de libertad. La bandera cubrió al prisionero de la cabeza a los pies. Entonces el cónsul se volvió hacia el oficial y le dijo: `'Lo desafío a que haga fuego contra mi bandera". Así se salvó el preso.

    La bandera era un emblema de la patria a la que pertenecía. No era su libertad, sino un signo, una señal, de la libertad que poseía por ser ciudadano de aquel país. No era su patria: sólo la representaba. Era el símbolo de una fuerza poderosa que estaba a la disposición de todo buen ciudadano.

    Leamos ahora lo que dice la Palabra acerca del sábado, el verdadero día de reposo de Dios:

    "Vosotros guardareis mis sábados;
    porque eso es señal entre mi y vosotros
    por vuestras edades, pare que sepáis
    que yo soy Jehová que os santifico"
    (Exodo 31:13).

    "Y les di también mis sábados,
    que fuesen por señal entre mi y ellos,
    para que supiesen que yo soy Jehová
    que los santifico" (Ezequiel 20:12).

    El sábado es como una bandera. Representa la autoridad del gobierno de Dios. Es un signo de autoridad y poder. Representa el reposo, la paz y la seguridad del cristiano que es verdaderamente ciudadano del cielo. No es el cielo, pero es un anticipo de los gozos del celestial. No es nuestra emblema de las vidas consagradas que están ocultas o protegidas con Cristo en Dios (Colosénses 3:3).

    Si el embajador del caso citado hubiese puesto sobre el condenado la bandera de otro país, su gesto no hubiera tenido fuerza porque se habría tratado: de una bandera ajena. De la misma manera, apreciado amigo, escudémonos bajo la bandera del cielo, el sábado, no bajo una bandera extraña. Lea las   bendiciones de que gozaremos si somos fieles al símbolo del poder creador de Dios.

    "Si retrajeres del sábado tu pie, de traer tu
    voluntad en mi día santo, y al sábado llamares
    delicias, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares,
    no haciendo tus caminos, ni buscando tu voluntad,
    ni hablando tus palabras: entonces te deleitarás en
    Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la
    tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu
    padre: porque la boca de Jehova lo ha hablado"
    (Isaías 58:13, 14).

    ¿Desea usted paz y reposo? Escuche entonces la promesa hecha a los que guardan todos los mandamientos de Dios:

    "¡Ojalá miraras tú a mis mandamientos!
    Sería entonces tu paz como un río, y tu
    justicia como las ondas de la mar"
    (Isaías 48:18).

    ¿Se siente usted tentado a decir: "No me es posible guardar el día de reposo de la Biblia, pero guardaré los otros nueve mandamientos; me conformaré con las nueve décimas partes de las bendiciones prometidas a los que obedecen"? Recuerde que el que viola un solo mandamiento está en guerra contra el gobierno de Dios y, por lo tanto, es como si desobedeciera toda la ley. No puede recibir bendición alguna.

    "Porque cualquiera que hubiera guardado
    toda la ley, y ofendiere en un punto, es
    hecho culpado de todos" (Santiago 2:10).

    Estimado alumno: Si usted se encuentra bajo una falsa bandera, escuche hoy la amorosa invitación de Jesús, su Salvador, quien murió para rescatarlo de las fuerzas del mal, y le promete su gracia poderosa para ayudarle a guardar sus mandamientos.
 
 
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