Lecion # 17- ¿MIL AÑOS DE PAZ? 

Indice
 

 1. Introducción
 2. ¿Qué sucederá con los justos?
 3. ¿Qué sucede con los justos que duermen?
 4. El diablo encadenado
 5. ¿Quedará libre de sus cadenas?
 6. El fin del pecado
 7. Dios purifica la tierra

 

 

INTRODUCCIÓN

    ¡Cuán maravilloso es saber que Dios pondrá fin al pecado, las luchas y las guerras, es decir, a todo lo que hace sufrir! Apreciado amigo, estas lecciones nos enseñan que Dios tiene en reserva, para el futuro, días muy felices para sus hijos. El sagrado Libro nos dice lo que sucederá cuando regrese nuestro Señor. Aparecerá nuestro Señor Jesús en las nubes del cielo, como Rey de reyes, acompañado de su. santos ángeles.

    "Y los ejércitos que están en el cielo le seguían
    en caballos blancos, vestidos de lino finisimo,
    blanco y limpio. Y de su boca sale una espada
    aguda, para herir con ella a las gentes. Y él los
    regirá con vara de hierro; y pisa el lagar del
    vino del furor, y de la ira del Dios Todopoderoso"
    (Apocalipsis 19:14, 15).

El profeta Jeremías añade:

    "Llegó el estruendo hasta el cabo de la tierra;
    porque Juicio de Jehova con las gentes: él es
    el Juez de toda carne; entregará los impíos a
    cuchillo, dice Jehová. Así ha dicho Jehová de
    los ejércitos: He aquí que el mal sale de gente
    en gente, y grande tempestad se levantará de
    los fines de la tierra. Y serán muertos de Jehova
    en aquel día desde el un cabo de la tierra hasta
    el otro cabo; no se endecharán, ni se reunirán,
    ni serán enterrados. . ." (Jeremías 25:31-33)
.

    Aquí se describe el momento cuando Dios destruirá a los impíos y el actual orden de cosas, con el consiguiente cuadro de completa desolación. En Daniel 2:34, 35 se compara el establecimiento del reino de Cristo con una piedra desprendida, "no con mano", que pulveriza todos los reinos de la tierra. Las naciones concluirán con la caída de esa piedra, que es nuestro Señor Jesucristo, la Roca de la eternidad. El profeta a su vez nos dice que en esa ocasión los muertos de Jehová cubrirán la tierra. San Juan, por su parte, describe de este modo el terror de los impíos:

    "Y el cielo se apartó como un libro que es envuelto;
    y todo monte y las islas fueron movi-das de sus lugares.
    Y los reyes de la tierra, y los príncipes, y los ricos, y los
    capitanes, y los fuertes, y todo siervo y todo libre, se
    escondieron en las cuevas y entre las peñas de los
    montes. Y decían a los montes y a las peñas: Caed
    sobre nosotros, y esconded-nos de la cara de aquel
    que está sentado sobre el trono, y de la ira del
    Cordero: porque el gran día de su ira es venido;
    ¿y quién podrá estar firme?" (Apocalipsis 6:14-17).

    Los impíos no desean ver a Dios porque no le aman. Por lo demás, tampoco estarían en con-diciones para verlo. Suplican entonces a los montes y a las rocas que los oculten de la faz divina. San Pablo afirma que esas multitudes serán condenadas porque '`no creyeron a la verdad, antes consintieron a la iniquidad" (2 Tesalonicenses 2:12).

Cuando nuestro Señor regrese, nuestro mundo será conmovido hasta los cimientos. Al respecto, San Juan declara:

    "Entonces fueron hechos relámpagos y voces y truenos;
    y hubo un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande,
    cual no fue jamás desde que los hombres han estado
    sobre la tierra. Y la gran ciudad fue partida en tres partes,
    y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia
    vino en memoria delante de Dios, para daría el cáliz del
    vino dei furor de su ira. Y toda isla huyó, y los montes no
    fueron hallados. Y cayo del cielo sobre los hombres un
    grande granizo como del peso de un talento, y los hombres
    blasfemaron a Dios por la plaga del granizo; porque su
    plaga fue muy grande" (Apocalipsis 16:1-21).

    Nadie puede imaginar lo que ocurrirá cuando las montañas desaparezcan; cuando el embravecido mar devora islas enteras. Dios destruirá los valles y ciudades de la tierra. ¿Podemos concebir semejante cataclismo? ¿Podemos vislumbrar lo que será ese desquicio de la naturaleza? Leamos lo que dice la Palabra de Dios:

     "Porque hará estremecer los cielos, y la tierra se
    moverá de su lugar, en la indignación de Jehová
    de los ejércitos, y en el día de la ira de su furor"
    (Isaías 13:13).

El mismo profeta describe en estos términos el caos que seguirá:

    "He aquí que Jehova vacía la tierra, y la desnuda, y
    trastorna su haz, y hace esparcir sus moradores. Del
    todo será vaciada la tierra, y enteramente saqueada;
    porque Jehová ha pronunciado esta palabra. Quebran-
    taráse del todo la tierra, enteramente desmenuzada
    será la tierra, en gran manera conmovida. Temblará la
    tierra vacilando como un borracho, y será removida
    como una choza... (Isaías 24:1, 3,19, 20).

    Como consecuencia de todo esto, la tierra se verá privada de la luz del sol Isaías nos dice que nuestro planeta será desviado de su órbita. Otra profecía añade:

    "Dad gloria a Jehová Dios vuestro, antes que haga venir
    tinieblas, y antes que vuestros pies tropiecen en montes
    de oscuridad..." (Jeremías 13:16).

    De manera que la tierra se transformará en un caos inhabi-table. Ya no brillará el sol. No podrá haber vida humana El profeta Isaías agrega:

    "Jehová está airado sobre todas las gentes, e irritado
    sobre todo el ejército de ellas: destruirálas y entregarálas
    al matadero. Y los muertos de ellas serán arrollados,
    y de sus cadáveres se levantara hedor; y los montes
    se desleirán por la sangre de ellos. Y todo el ejercito
    de los cielos se corromperá, y plegarse han los cielos
    como un libro: y caerá todo su ejército, como cae la
    hoja de la parra, y como cae la de la higuera"
    (Isaías 34:2-4).

    Dios fue paciente con la humanidad belicosa, durante sus siglos de guerra, odios y derramamiento de sangre, y hoy espera que responda a la invitación del Príncipe de paz Pero cuando los hombres hayan hecho su decisión final y se rebelen definitivamente contra el Creador, él ya no podrá soportar más la violencia y vendrá a librar de ella a sus hijos.

    "Porque es día de venganza de Jehová,
    año de retribuciones en el pleito de Sión"
    (Isaías 34:8).

    Los malos no podrán hacer frente a Dios entonces. El profeta Jeremías dice que nuestro planeta será sacudido por continuos terremotos Isaías afirma que la tierra se tambaleará como un borracho (Isaías 24:20). Evidentemente la humanidad no podrá sobrevivir a este cataclismo, que es consecuencia de su rebelión contra el Creador. Leamos lo que dice el profeta de esos momentos terribles:

    "Miré, y no se veía un hombre"
    (Jeremías 4:25, versión de Nácar y Colunga).

    "He aquí el día de Jehová viene, crudo, y de saña y
    ardor de ira, para tornar la tierra en soledad, y raer de
    ella sus pecadores" (Isaías 13:9).

    Un pasaje tras otro nos enseña que no habrá más vida humana en la tierra después del regreso de Cristo Nuestro planeta será absolutamente inhabitable en ese tiempo.
 

¿QUÉ SUCEDERA CON LOS JUSTOS? 

    Si los malos no pueden subsistir en tales condiciones, ¿será nuestra tierra un lugar habitable pare los redimidos? La lógica nos dice que un planeta sacudido hasta sus cimientos y privado de la luz del sol no puede ser habitado por nadie Por otra parte, eso también lo dice la Palabra de Dios Cuando Cristo vuelva, será para reunir a "sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro" (San Mateo 24:31) y llevarlos al cielo El apóstol San Pablo nos dice:

    "Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca
    de los que duermen, que no os entristezcáis como los
    otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que
    Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él a
    los que durmieron en Jesús. Por lo cual, os decimos
    esto en palabra del Señor: que noso-tros que vivimos, que
    habremos quedado hasta la venida del Señor, no
    seremos delanteros a los que durmieron. Porque el
    mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y
    con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos
    en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que
    vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos
    seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en
    el aire, y así estaremos siem-pre con el Señor"
    (1 Tesaloni-censes 4:13-1 7).

    ¡Qué admirable será el regreso del Señor con sus ángeles! No será una cosa secreta. Será un espectáculo majestuoso que todos verán. Los impíos no podrán soportar su resplandor Para no verlo, suplicarán a las montañas que caigan sobre ellos Sólo los justos sobrevivirán No morirán; serán salvados de, espantoso cataclismo que sobre-vendrá Serán llevados por los ángeles al encuentro del Señor en los aires.
 

¿QUÉ SUCEDE CON LOS JUSTOS QUE DUERMEN? 

    Los justos que "duermen en Jesús" no quedarán en la tumba mientras los que estaban vivos al venir el Señor gozan de la presencia del Salvador en el cielo Escuchemos la promesa del Santo Libro:

    "He aquí, os digo un misterio. Todos ciertamente
    no dormiremos, mas todos seremos transformados.
    En un momento, en un abrir de ojo, a la final
    trompeta; porque será tocada la trompeta, y los
    muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros
    seremos transformados (1 Corin-tios 15:51, 52).

    Los seres amados que la muerte nos quitó saldrán de la tumba revestidos de inmortalidad. En la primera epístola a los Tesalonicenses, capítulo 4, se nos dice que la ascensión de los justos vivos no impedirá que los justos muertos salgan de sus tumbas. ¡Qué glorioso será cuando, liberados definitivamente del mal, estemos para siempre junto al Salvador!. El llama a ese despertar de los justos muertos la "resurrección de vida" (San Juan 5:29).

    La Palabra de Dios dice claramente que saldrán de sus tumbas y se unirán a los justos que no murieron y con ellos irán al cielo. Allá moraremos, porque la tierra quedará inhabitable durante mil años. ¿Qué harán los justos mientras estén en el cielo? He aqui la respuesta que nos da San Juan:

    "Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y les fue dado
    juicio; y vi a las almas de los degollados por el testimonio
    de Jesús, y por la palabra de Dios, que no habían adorado
    la bestia, ni a su imagen, y no recibieron la señal en sus
    frentes, ni en sus manos, y vivieron y reinaron con Cristo
    mil años (Apocalipsis 20:4).

Veamos ahora cuál será la suerte del diablo y de sus ángeles al concluir el drama de los siglos.
 

EL DIABLO ENCADENADO 

    Imaginemos a ese espíritu poderoso y maléfico, solitario en medio de la tierra en ruinas, sin un solo ser sobre el cual ejercer influencia. Todos los impíos habrán muerto, y todos los salvados estarán en el cielo. Satanás no tendrá nada que hacer. Tendrá mil años de inactividad, totalmente aislado.

    "Y vi un ángel descender del cielo, que tenia la llave del
    abismo, y una gran cadena en su mano. Y prendió al
    dragón, aquella serpiente antigua, que es el Diablo y
    Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y
    lo encerró, y selló sobre él, porque no engañe más a las
    naciones, hasta que mil años sean cumplidos Después
    de esto es necesario que sea desatado un poco de tiempo"
    (Apocalipsis 20:1-3).

    ¿Quién podrá encadenarlo? Sólo puede hacerlo Aquel contra quien guerrea desde hace tanto tiempo, a saber, nuestro Señor Jesucristo. En efecto, cuando regrese el Salvador, los impíos serán destruidos. Los hijos de Dios irán al cielo. Satanás y sus ángeles permanecerán en la tierra desolada para reflexionar acerca del mal que hicieron o provocaron a través de los siglos. La tierra entenebrecida será su cárcel, su cadena; no podrán tentar a nadie. ¡Qué tormento será para estos espíritus activos el tener que errar en las tinieblas, con sólo el recuerdo de sus males acciones y la certeza de su pronta destrucción!

    El pecado de Lucifer comenzó en el cielo, y su primer resultado fue que tuvo que alejarse de la presencia de Dios. Al venir a esta tierra le arrebató su dominio al hombre. Pero vino Jesucristo, vivió sin pecado y murió en la cruz, para devolver al hombre su dominio perdido. Le permitió así liberarse del príncipe de las tinie-blas. Según Apocalipsis 12:10, Satanás perdió la segunda batalla con su Creador en la cumbre del Gólgota.

    Pero por fin llega la última fase de su larga lucha contra Dios. Está encarcelado y encadenado en un mundo vacío, silencioso y solitario. No puede tentar a los muertos. No puede engañar a nadie. ¡Se halla en su horrenda celda de condenado a muerte! Sólo puede ver, con plena certeza, que pronto será borrado de la existencia.
 

¿QUEDARÁ LIBRE DE SUS CADENAS? 

    Si, se verá libre por un breve tiempo, según acabamos de leer. Al concluir los mil años de encadenamiento, todos los impíos muertos resucitarán, incluso los que murieron con el resplandor de la venida de Jesús. Leamos la profecía:

    "Y serán encerrados, presos en la mazmorra, encarcelados
    en la prisión, y después de muchos días serán visitados"
    (Isaías 24:22, versión de Nacar y Colunga).

    "Porque así dice Jehova: toda la tierra será hecha una
    desolación; aunque no haré un exterminio completo"
    (Jeremías 4:27, VM).

Y el apóstol San Juan complete el cuadro:

    "Mas los otros muertos no tornaron a vivir hasta que
    sean cumplidos mil años... Y cuando los mil años
    fueren cumplidos, Satanás será suelto de su prisión,
    y saldrá para engañar las naciones que están sobre
    los cuatro ángulos de la tierra..." (Apocalipsis 20:5, 7, 8).

    Satanás ha quedado encadenado por la muerte de todos sus súbditos y la ascensión de los justos. La suya es una cadena de circunstancias que le impedía ejercer su funesta obra. Ahora, cumplidos los mil años, puede ser suelto de ella por la resurrección de sus súbditos. "Los otros" muertos, o sea los impíos, sólo volverán a vivir al terminar los mil años. En efecto la Palabra de Dios enseña que hay dos resurrecciones generales:

    "No os maravilléis de esto; porque vendrá hora
    cuando todos los que están en los sepulcros
    oirán su voz. Y los que hicieron bien, saldrán
    a resurrección de vida; mas los que hicieron
    mal, a resurrec-ción de condenación"
    (San Juan 5:28, 29).

    La primera resurrección, que se llama aquí resurrección de vida, se produce cuando nuestro Señor vuelve (Apocalipsis 20:5). Mil años más tarde, el Hijo de Dios retornará a la tierra con todos los suyos. En ese momento resucitarán los réprobos para comparecer en juicio delante de Dios. Hablando de esa ocasión el profeta declara:

    "Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte
    de las Olivas, que está frente a Jerusalén al oriente y
    el monte de las Olivas se partirá por medio de si hacia
    el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy
    grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte
    y la otra mitad hacia el mediodía" (Zacarías 14:4).

    Cuando vuelva a la tierra, una vez terminados los mil años, nuestro Señor vendrá acompañado por los redimidos de todas las edades. Descenderá sobre el Monte de las Olivas, de donde regreso al cielo después de su muerte y resurrección. Un gran terremoto partirá en dos la montaña y se formará una inmensa llanura donde se asen-tarán los fundamentos eternos de la Nueva Jerusalén. Al respecto San Juan dice:

    "Y vi un cielo nuevo, y una tierra nueva: porque el
    primer cielo y la primera tierra se fueron, y el mar
    ya no es. Y yo Juan vi la santa ciudad, Jerusalén
    nueva, que descendía del cielo, de Dios, dispuesta
    como una esposa ataviada para su marido. Y oí una
    gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo
    de Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos
    serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con
    ellos" (Apocalipsis 21:1-3).

 

EL FIN DEL PECADO 

    Cuando Satanás y todos los impíos resucitados vean descender la maravillosa Jerusalén, habitada por seres sin armas y sin pecado, decidirán tomar por asalto la santa ciudad. Satanás les hará creer que, siendo su número mayor que el de los habitantes de la ciudad, la victo-ria será segura. Luego los reunirá para combatir contra la ciudad de Dios.

    "Y saldrá para engañar las naciones que están sobre
    los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin
    de congregarios para la batalla; el número de los cuales
    es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura
    de la tierra, y circundaron el campo de los santos, y la
    ciudad amada..." (Apocalipsis 20:8, 9).

    Rodean la ciudad y se preparan para ocuparla con el fin de hacerla su capital. Entonces cae sobre ellos el juicio final de Dios. Empleando un lenguaje sencillo pero gráfico, nuestro Señor describió la escena en la parábola de la cizaña:

    "Enviará el Hijo del Hombre sus ángeles, y juntarán de
    su reino todos los escándalos, y los que hacen iniquidad.
    Y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el
    crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como
    el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír,
    oiga" (San Mateo 13:41-43).

 

San Juan agrega más detalles:

    "Y subieron sobre la anchura de la tierra, y circundaron el
    campo de los santos, y la ciudad amada; y de Dios des-cendió
    fuego del cielo, y los devoro. Y el diablo que los engañaba, fue
    lanzado en el lago de fuego y azufre, donde está la bestia y el
    falso profeta; y serán atormentados día y noche para siempre
    jamás. Y el infierno y la muerte fueron lanzados en el lago de
    fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no fue hallado
    escrito en el libro de la vida, fue lan-zado en el lago de fuego"
    (Apocalipsis 20:9,10,14, 15).

    Así concluirá el gran conflicto entre Cristo y Satanás, reñido a través de los largos siglos de la historia de nuestra tierra. Imagine usted, apreciado amigo, diez siglos de silencio, mil años durante los cuales la vieja tierra descansará de las malas acciones cometidas por los peca-dores. No habrá una sola guerra durante ese tiempo; tampoco habrá seres humanos vivos en la tierra, ya que los impíos estarán muertos y los justos se hallarán en el cielo. Satanás, pues, se en-contrará solo con sus ángeles malos en la tierra vacía que será para ellos como una cárcel. Allí verán las consecuencias finales del pecado: caos, ruina y muerte. ¡Diez siglos de silencio! Luego será la resurrección de los impíos y el descenso de la santa ciudad. Entonces caerá fuego del cielo para destruir el pecado y los pecadores. Pero, ¿no hubiera sido bueno darles una segunda oportunidad? No, no la necesitan. Su resolución de combatir después de haber resucitado basta para probar que una nueva oportunidad sería inútil. Toman su decisión antes de ser destruidos. Están irremediablemente perdidos. Su fin, y el de todas las obras malas que hayan cometido, será la destrucción total.
 

DIOS PURIFICA LA TIERRA 

    En la época de Noé nuestro mundo fue destruido por las aguas del diluvio. Esta vez lo será por el fuego purificador del Dios eterno. El Creador del uni-verso quiere un mundo limpio, sin pecado. Su propósito es quitar todo rastro de mal, y de las cenizas que produzca el fuego purificador surgirá un mundo nuevo.

    "Mas el día del Señor vendrá como ladrón en la noche;
    en el cual los cielos pasaran con grande estruendo, y los
    elementos ardiendo serán des-hechos, y la tierra y las
    obras que en ella esta serán quemadas" (2 Pedro 3:10).

Entonces Dios hablará, y surgirá una creación nueva y santa:

    "Y vi un cielo nuevo, y una tierra nueva: porque el primer
    cielo y la primera tierra se fueron, y el mar ya no es. He aquí,
    yo hago nuevas todas las cosas" (Apocalipsis 21:1, 5).

La Palabra de Dios nos descri-be las maravillas del mundo nuevo que Dios va a crear.

    Se nos cuenta que a veces, en el Africa, los monos dejan la selva para ir a hurtar las cosechas de los agricultores. Estos secan calabazas y les hacen un agujero que les permite a los monos introducir la mano abierta. Llenan de arroz las calabazas, las atan a un poste, y los monos ladrones meten la mano, toman un puñado y tratan de sacarla. Pero como apenas había lugar para la mano abierta, no la pueden sacar estando cerrada. Y son tan insensatos que se niegan a dejar el arroz, a pesar de ver a los que vienen a matarlos. ¡Prefie-ren morir antes que renunciar a su puñado de arroz! ¡Pobres infelices!

    Pero, ¿somos nosotros mas sabios que ellos cuando nos aferramos a pecados que nos destruirán finalmente si no los abandonamos? Nadie necesita ser destruido en el lago de fuego. Sólo perecerán allí los que hayan preferido aferrarse al pecado en vez de huir de él y buscar refugio en los brazos protectores de Dios.

    Apreciado amigo, ¿está usted permitiendo que algún pecado conocido lo prive de la vida eterna? ¿Dónde se propone usted pasar el milenio? ¿En el silencio de la tumba durante diez siglos, para contarse luego entre los réprobos, o entre los redimidos?
 
 
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